Ya que soy un completo animal, no me molestará extender carne fresca sobre mi balcón.
Mis vecinos se aterran cuando me ven pasar.
Yo los miro como se mira a las hormigas o a ciertos cuadros en los museos.
Pero yo, que soy un completo animal, no visito museos.
Paseo por las galerías de los mercados, donde se exponen las carnes de otros animales. Las robo, y los dueños me sacan a palazos. Y se inica la fiesta y la persecución. Huyo como un animal herido, llorando mi desgracia.
Es un espectáculo digno de cualquier emperador. Animales muertos, animales heridos. Animales que sangran, así como sangro yo por mis heridas.
Así mismo como cuando mis amigos (los pocos que me quedan) me recojen de la calle después de embriagarme y tirarme a todas las golfas del bar.
Yo, que soy un completo animal, me desnudo en los parques públicos. Los niños se asustan y las madres miran al cielo y y se echan a llorar. Y otra vez vuelvo a ser ese animal herido, perseguido. Y entonces bajo de nuevo a vivir en los bares, sorbiendo de las copas olvidadas.
Mis vecinos me ven con sospecha. Se persignan cuando me ven pasar.
Pero yo, que soy un completo animal, no entiendo de rezos ni de religiones.
En mi cuerpo habita una bestia que fuma y juega a las cartas.
A veces me tiro por los balcones imaginando que puedo volar.
Fotografía: Joy 2 – Carolina Villada
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