Una tarde de domingo.

4 ene

Ya que soy un completo animal, no me molestará extender carne fresca sobre mi balcón.

Mis vecinos se aterran cuando me ven pasar.

Yo los miro como se mira a las hormigas o a ciertos cuadros en los museos.

Pero yo, que soy un completo animal, no visito museos.

Paseo por las galerías de los mercados, donde se exponen las carnes de otros animales. Las robo, y los dueños me sacan a palazos. Y se inica la fiesta y la persecución. Huyo como un animal herido, llorando mi desgracia.

Es un espectáculo digno de cualquier emperador. Animales muertos, animales heridos. Animales que sangran, así como sangro yo por mis heridas.

Así mismo como cuando mis amigos (los pocos que me quedan) me recojen de la calle después de embriagarme y tirarme a todas las golfas del bar.

Yo, que soy un completo animal, me desnudo en los parques públicos. Los niños se asustan y las madres miran al cielo y y se echan a llorar. Y otra vez vuelvo a ser ese animal herido, perseguido. Y entonces bajo de nuevo a vivir en los bares, sorbiendo de las copas olvidadas.

Mis vecinos me ven con sospecha. Se persignan cuando me ven pasar.

Pero yo, que soy un completo animal, no entiendo de rezos ni de religiones.

En mi cuerpo habita una bestia que fuma y juega a las cartas.

A veces me tiro por los balcones imaginando que puedo volar.

 

Fotografía: Joy 2 – Carolina Villada

http://www.flickr.com/photos/toryta/4620668746/

Simple I

7 dic

Cada vez soy más triste, o más viejo.

- Para qué decir -

A veces despierto y se han ido sin saludar, y entonces soy más triste, o más torpe.

Todos saben que las escaleras son enormes, y no saben que hay espejos espantosos en los funerales.

A veces todo es tan simple…

Pero hay cosas que derrotan en silencio.

La casa de Asterión (reeditada)

4 dic

Particularmente excéntrico.

Muchos dicen que, en definitiva, es poco lo que se puede hacer al respecto. Que las cosas son así.

¿Por qué habría de ser distinto precisamente esta noche?

No soy pesimista ni mucho menos estoy triste. Que nadie se preocupe.

Hay cosas extrañas; hay días extraños. Hay personas extrañas. Hay circunstancias.

La excentricidad de esta noche, esta madrugada estrafalaria donde no se escucha un solo ruido.

Nada conocido se me ha hecho enemigo de un modo nuevo, ni siquiera el espejo. Al llegar lo repasé sin contemplarlo; el tiempo suficiente para saber que todo seguía igual.

Si hace falta ser demasiado prosaico, diré que lo soy. De eso no me avergüenzo.

¿Cansado?

No, realmente no estoy cansado. Intoxicado tal vez.

Dicen que es necesario intervenir a tiempo en situaciones similares. Pero a veces ha pasado ya el momento indicado, el viento a favor. Y muchas cosas se desdibujan entonces.

Si me obligaran a confesar, habría que decirlo todo.

Si me acusaran de soberbia y misantropía; y tal vez de locura (se entiende que esto es un pasaje de Borges) asentiría.

Que digan lo que tengan que decir, que no se reserven nada. Sobre todo porque siempre es muy interesante escuchar las acusaciones ajenas.

Por mi parte, me limito a decir que me divierten estas sandeces, y que todo lo que ha sucedido hasta ahora, visto a través de los ojos de este cuerpo que es mío, es un conjunto de retazos que me complace olvidar o actualizar – según lo ameriten las circunstancias -.

Que nadie olvide que todo esto es una inmensa estupidez – Lo dicho, y sobre todo lo escrito -.

Lo vivido tiene otro carácter, pero se me escapa en este momento cualquier definición que pueda parecer creíble.

Las puertas de mi casa, cuyo número es infinito (el original dice catorce, pero sobran motivos para inferir que, en boca de Borges, ese adjetivo numeral vale por infinitos) están abiertas día y noche.

Mi casa sin ladrillos, que tampoco tiene ventanas – únicamente el cielo allá donde debería haber un techo -.

Fotografía: Humo – Carolita Villada

http://www.flickr.com/photos/toryta/4787668973/

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